Es autora de Ā«Me importa un rĆ”banoĀ» y propone reversionar las preparaciones infaltables. Y como regalo navideƱo, no enseƱa a preparar una mesa navideƱa en tres pasos: Ensalada de verdes y queso azul, Tarta festiva y BudĆn integral.
Como vimos estos dĆas en los masivos festejos por triunfo de La Scaloneta en Qatar, los argentinos no nos ahorramos abundancia a la hora de celebrar. Este criterio gozoso y desbordante se condice con la clĆ”sica mesa navideƱa local, donde el banquete tradicional gira alrededor de comidas de invierno europeo en noches de 40 grados latinoamericanas: Piononos, vitel tonĆ©, lengua a la vinagreta, ensalada rusa, asados con todas las achuras posibles, matambres arrollados y frutas secas son los jugadores infaltables; todo regado con kilos de mayonesa o salsa golf, claro.
Sin embargo, otro clĆ”sico argento es vivir en constantes contradicciones y mandatos que entran en disputa. Uno de ellos es, sin dudas, mantener una figura alineada con los criterios āfitā de los cĆ”nones de belleza hegemónicos. Por eso, no le sorprende a nadie que en esta Ć©poca pululen programas de TV donde se habla desde un punto de vista terrorĆfico acerca de las calorĆas consumidas en Nochebuena. La paradoja es clara: la Navidad no estĆ” completa sin un atracón a la altura; pero disfrutar del menĆŗ es algo culposo, cuando la playa estĆ” en el horizonte.
A su vez, tambiĆ©n estĆ”n los fundamentalistas de los productos ultraprocesados para las Fiestas: gaseosas hĆpercalóricas, helados comprados en el supermerado hechos en su mayorĆa con grasa hidrogenada, mayonesa casi sintĆ©tica y productos que es hasta casi imposible discernir su origen.
AquĆ, el problema no se trata de la cantidad o de āprohibirseā cierto alimento, sino de poner la lupa en la calidad. Todas estas aristas son parte de una misma incógnita: Āæcómo proponer una mesa navideƱa mĆ”s saludable, que no implique culpa a la hora de servirse las porciones, y que contente a los dogmĆ”ticos de las bebidas industriales y de los platos tradicionales?
Tal vez, una forma de salir de esa encerrona sea reinterpretar las preparaciones infaltables y reversionarlas de una forma mƔs saludable. La clave: que se incluyan al menos dos vegetales y no haya faltante de frutas frescas. Y no, las alcaparras de la salsa del vitel tonƩ no cuentan como verdura.
LucĆa Colagero es la autora de āMe importa un rĆ”banoā, un libro recientemente publicado que tiene el objetivo de promover, a travĆ©s de distintas recetas (algunas mĆ”s desafiantes que otras), el regreso a una cocina casera mĆ”s conciente. Pero, sobre todo, es una reflexión sobre la importancia de la inclusión de productos frescos en la dieta y el conocer su origen.
En un contexto de aceleración consumista que fomenta la compra compulsiva de alimentos cada vez mÔs procesados, industrializados, carentes de valores nutritivos y con aditivos que atentan contra la salud, cambiar este paradigma sin duda es una contranarrativa frente a esta imposición.
A la hora de pensar el menú para las fiestas, este libro nos invita a barrer prejuicios y apostar por la diversidad de sabores impensados. Conocer qué brota en cada estación y qué propiedades tienen los colores de cada vegetal. Romper con los preconceptos deterministas de que la comida vegetariana es aburrida e insulsa. Demostrar que otra forma alternativa de comer es posible. Apostar por difrutar de cada bocado, estando en el aquà y ahora, que no es poca cosa. No privarse del goce, sino estar mÔs conectado con el placer.
-LucĆa, ĀæcuĆ”les son los desafĆos de incorporar vegetales y frutas en un paĆs con tanto consumo de carne como el nuestro?
-Los principales desafĆos tienen que ver con la construcción de hĆ”bitos sostenibles y la priorización. El interĆ©s por la comida saludable existe y cada vez es mayor. La gente sabe que las frutas y verduras hacen bien, pero que la constancia cuesta. Sin embargo, las prĆ”cticas sanas mucha veces tampoco se priorizan porque siempre āhay cosas mĆ”s importantesā que hacer. Entonces me pregunto. Algo que es esencial para nuestro cuerpo, el mismo cuerpo que nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos, nuestros sueƱos, nuestros proyectos, Āæpor quĆ© no es lo mĆ”s importante?
Creo profundamente en que formas de cuidarse, hay muchas, pero pocas son cuatro veces al diĢa, cada diĢa de tu vida. A veces con pequeƱos cambios de hĆ”bito -como por ejemplo ir a la verdulerĆa una vez a la semana y comprar cuatro tipos de frutas y cuatro de vegetales- es suficiente. No es lo que comeĢs una que otra vez sino lo que comeĢs la mayoriĢa de las veces lo que marca la diferencia.
Consejos para una mesa sana
Algunas ideas mÔs concretas son tener ensaladas abundantes y disponibles en todas las mesas, con distintas variedades de hojas verdes e ingredientes para que cada uno se pueda servir a piacere: zanahoria, tomates, cebolla, rabanitos; etc. Que nadie esté condicionado por tener que dejar de probar una ensalada porque hay un sabor particular que prefiere esquivar. Que la rusa o la waldorf no desaparezcan del menú necesariamente, pero bajarles un poco el protagonismo.
Otra propuesta es ofrecer jugos naturales; no como un reemplazo obligatorio de las gaseosas sino que estĆ©n ahĆ, como otra opción. Las limonadas, que en la Ćŗltima dĆ©cada pasaron de los bares palermitanos a todo tipo de hamburgueserĆas y restaurantes de barrio, son una idea fresca en todo sentido. Las naranjadas y pomeladas se suman a esta oferta que, sin dudas, es económica.
Otro punto a tener en cuenta: no condimentar las ensaladas ni regar con sal todos los platos antes de ser servidos en la mesa. Sumarle a los palitos salados y al manà japonés vegetales para untar con hummus, pastas de berenjena o morrones procesados. No borrar del mapa a la mayonesa o la salsa golf, pero introducir otras variantes, como la mayo de zanahoria, que es bÔsicamente zanahoria hervida procesada con un poco de aceite y limón hasta obtener una salsa cremosa.
Revivir la tendencia de la pandemia de hacer panes caseros y hacerse un ratito para hornear unas hogazas integrales. Amasar la pizza, que es mucho mÔs rica y económica que las compradas en los supermercados. O, por qué no, arrancar la navidad desde bien temprano, juntÔndote a cocinar como parte del ritual.
Incorporar a la mesa buƱuelos de espinaca o porciones de tarta de verdura, para sumar verdes cocidos y fresco. Al asado agregarle vegetales, pero vegetales en serio.
No solo dos papas; cebolla, zapallitos, berenjenas, ajos, en fin, lo que haya a mano.
Grillar bastones de polenta (envueltos en papel aluminio) para comer como snack.
Incursionar en las gĆrgolas, un tipo de hongo carnoso que, bien asado o en su variante desmechada, puede ser un reemplazante de la carne. Una idea para el parrillero: cortar por la tapa un zapallo cabutia, ahuecarlo y reemplazar las semillas por un salteado de cebollas caramelizadas con muzzarella. Envolverlo y mandarlo a la parrilla.
ĀæEl resultado? Un zapallo con queso derretido irresistible.
A la hora de pensar la mesa dulce, los helados nunca fallan. ¿Y si los preparÔs en casa? Cualquier licuado, al agua o con leche, se puede transformar en una paleta helada: en los bazares venden los moldes. Procesar dos bananas con chocolate rallado y congelar esa mezcla se transfoma instantÔneamente en una helado de banana split.
Unas frutillas con crema o unas buenas cerezas le juegan cabeza a cabeza a cualquier flan. Solo se trata de tener a mano esas posibilidades; no imponerlas, ni que sean una opción āpara los vegetarianosā, sino presentar todos estos platos como alternativas posibles y tentadoras.









