Como si fuera la boca ancha de un embudo, Comodoro Py investiga cientos de causas por corrupción, como parte de la llamada Ā«politización de la justiciaĀ». Sin embargo, sobreseimientos, faltas de mĆ©rito, archivos y prescripciones hacen mĆ”s angosto el camino para llegar hasta un juicio oral. Y si se trata de condenas, podrĆa decirse que hace falta, todavĆa, superar varios filtros, como los recursos y las revisiones.
Solamente el 2% de los investigados por delitos vinculados a la corrupción llegan a juicio oral, segĆŗn una auditorĆa del Concejo de la Magistratura. Si llegar al juicio es una excepción, las condenas con prisión efectiva son un milagro: sobre ese porcentaje, apenas uno de cada tres acusados es sentenciado culpable, una cifra atenuada, ademĆ”s, porque una buena parte ya acumula aƱos de prisión preventiva. En definitiva, menos de un 1% de los investigados por corrupción es condenado.
La excarcelación de LĆ”zaro BĆ”ez, que permaneció detenido durante mĆ”s de cuatro aƱos bajo prisión preventiva, volvió a exponer estas falencias. La Justicia no logró dictarle una sentencia en 51 meses pese a que acumula causas por asociación ilĆcita, lavado de dinero y hasta por evasión impositiva, incluso cuando la mayor parte de las investigaciones contra el empresario transcurrieron con el kirchnerismo fuera de la Casa Rosada.
Las estadĆsticas son contundentes: lo que ocurrió esta semana con las investigaciones que involucran a LĆ”zaro BĆ”ez – punto de ser liberado- no es un caso aislado. Jueces, consejeros y juristas coincidieron -ante la consulta de LA NACION- en que la Justicia Penal estĆ” lejos de los estĆ”ndares de funcionamiento que deberĆa tener. Ya sea por falencias de sus protagonistas o por problemas sistĆ©micos.
Mariano Borinsky, juez de la CÔmara de Casación Penal, enumera algunos de los factores que afectan la celeridad de los procesos dentro de tribunales: un Código Penal que se aprobó hace un siglo, las numerosas vacantes en los juzgados y un sistema que promueve vericuetos legales, entre otros.
Ā«Estas cuestiones son fundamentales para darle celeridad a La Justicia (pues se abrevian los plazos), transparencia y equidad en la distribución del poder entre jueces y fiscales, como asĆ tambiĆ©n plena autonomĆa a estos ĆŗltimosĀ», sostiene el camarista, uno de los autores del proyecto de Código Penal que estĆ” pendiente de tratarse por el Senado.
El juez Daniel Rafecas, candidato a procurador general, resumió ante LA NACION las problemĆ”ticas mĆ”s sistĆ©micas: Ā«Es muy difĆcil avanzar con un modelo procesal del siglo XIX, lento, inquisitivo, escrito y plagado de recursos que dilatan los tiempos. Hoy en dĆa, las defensas pueden recurrir casi todo lo que decide un juez instructor, primero ante la CĆ”mara, luego a la Casación y a veces hasta en la Corte SupremaĀ».
Darle celeridad a la Justicia es tambiĆ©n uno de los postulados de los referentes del oficialismo, que impulsarĆa -junto con la reforma judicial la implementación del nuevo Código Procesal, que les entrega la llave de las investigaciones a los fiscales, pero que tambiĆ©n incentiva procedimientos de flagrancia para otros delitos y, asĆ, se puedan destinar mĆ”s recursos a las causas complejas.
Ā«Hay que acelerar los juicios y habrĆ” que considerar si el rĆ©gimen del [nuevo] Código Procesal acusatorio puede ayudar. Ahora bien, hay que seƱalar que en los tribunales orales hay un altĆsimo nĆŗmero de vacantes, un problema que debe considerarse en la próxima reforma judicial. Los jueces estĆ”n subrogando en dos o tres juicios complejĆsimos a la vez. EstĆ”n al lĆmiteĀ», seƱaló Alberto Lugones, presidente del Consejo de la Magistratura.
Aunque no existe estadĆstica oficial sobre los plazos promedio de las investigaciones por corrupción, la auditorĆa del Consejo -que analizó 20 aƱos de Comodoro Py, detectó una docena de causas complejas que llevaban mĆ”s de 15 aƱos en trĆ”mite y que aĆŗn no se resolvieron. El nuevo Código Procesal, que ya se implementó en algunas provincias, pero que todavĆa no llegó a la ciudad de Buenos Aires, tiene previsto un plazo de seis aƱos para la instrucción de delitos complejos como Ć©stos.
La auditorĆa del Consejo detalló en 2018 que el motivo de las demoras se debe principalmente al letargo de los expedientes en varios juzgados, que permitieron trĆ”mites de expedientes por mĆ”s de diez aƱos. El informe oficial -de mĆ”s de 400 pĆ”ginas- expuso las demoras de jueces federales como Rodolfo Canicoba Corral, Norberto Oyarbide (ya renunciado), Luis RodrĆguez y Ariel Lijo.
Marcelo Galle Tagle, presidente de la Asociación de Magistrados, seƱaló, justamente, el tiempo que se toma en la primera etapa como una de las falencias de la Justicia Penal: Ā«Seguimos con la idea de que la investigación debe reunir las pruebas con un grado de certeza casi como el de la sentencia y no es asĆ. La prueba definitiva es la del juicioĀ».
Fuente: Diario La Nacion.









