La mujer, de 49 años, lamenta profundamente su decisión y advierte a otros sobre los peligros de dejarse llevar por las inseguridades y las promesas de cambios rÔpidos.
Respecto a lo que la llevó a operarse, contó: Ā«A los 12 aƱos yo era mĆ”s alta que la mayorĆa de las chicas. A los 14, de pronto era mĆ”s baja. Con el tiempo se volvió una obsesión. MĆ”s alta significaba mejor. MĆ”s alta significaba mĆ”s hermosa. Solo sentĆa que la gente mĆ”s alta tenĆa mejores oportunidadesĀ».
De adulta, su obsesión se volvió abrumadora. ElaineĀ creyó que tenĆa dismorfia corporal, un trastorno de salud mental en el que las personas ven defectos en su apariencia sin importar cómo los vea el resto del mundo.
Primero FooĀ se enteró sobre una clĆnica china que realizaba cirugĆas paraĀ alargar los huesos de las piernas y eso le llamó la atención. Pero fue varios aƱos mĆ”s tarde cuando descubrió una clĆnica privada en Londres que ofrecĆa el procedimiento,Ā a cargo del cirujano ortopĆ©dico Jean-Marc Guichet y mediante un dispositivo creado por Ć©l, al que denominó el clavo Guichet.
Ā«Ese realmente fue un momento de aleluya porque podĆa hacerlo en Londres y recuperarme en mi casaĀ», recordó.
Y sobre el mĆ©dico, admitió: Ā«El doctor Guichet era franco respecto del tipo de cosas que podĆan ir mal: lesiones en los nervios, coĆ”gulos de sangre o la posibilidad de que los huesos no se volvieran a fusionarĀ».
Ā«Pero yo habĆa hecho mi investigación, iba a pagar un doctor muy costoso y esperaba una atención mĆ©dica acorde. Mi sueƱo era crecer de mi 1,57 m hasta 1,65 mĀ», relató Elaine, quien finalmente abonó casi 50.000 libras (US$64.000) para ingresar en el quirófano en julio de 2016.
Lo que esperaba que fuera un cambio positivo se convirtió en una pesadilla ya que a las pocas horas comenzó a sentir un dolor como si le estuvieran «asando las piernas desde dentro», y desde ese momento todo empeoró.
Dos semanas despuĆ©s, experimentó un crujido en su pierna izquierda, Luego supo que el clavo insertado en su fĆ©mur se habĆa roto, causando un daƱo significativo. Eso la llevó a someterse a nuevas cirugĆas para corregir el problema,Ā incluida una en MilĆ”n, pero terminó conĀ la movilidad gravemente afectada y mĆ”s dolores.
Se quedó sin ahorros, desempleada y lidiando con trastorno de estrés postraumÔtico, por lo que emprendió una larga batalla legal contra el cirujano responsable. Dicho proceso duró cuatro años hasta que logró una indemnización, pero sin la admisión de responsabilidad por parte del médico.
Pero, segĆŗn admite ella, el dineroĀ noĀ llega a borrar las cicatrices fĆsicas y emocionales que marcaron su vida.
Ā«PerdĆ los mejores aƱos de mi vida. SĆ© que a la gente le gusta oĆr la palabra arrepentimiento y si alguien me preguntara hoy si lo habrĆa hecho de haber sabido que iba a pasar por todo esto, le dirĆa un rotundo: āNo, muchas graciasāā, concluyó Elaine.








