Zysman, Del Bono y Galanterni: una psicopedagoga, una educadora y un fabricante de juguetes. A través de sus palabras nos adentramos en lo lúdico, sus avances, las necesidades y deseos de las infancias, los beneficios de jugar, las nuevas lógicas que trae la pandemia en las escuelas y cómo la ESI es transversal, incluso, a la industria del juguete.
Si bien las infancias hoy en dĆa se entretienen con objetos variados, algunas personas todavĆa visualizan a los niƱos con autos y a las niƱas con muƱecas. Es evidente que permanece la idea de que el rosa es femenino y el azul es masculino. De todas maneras, otros sectores rompen con estas construcciones e innovan para correrse de los cĆ”nones establecidos. Entonces,Āæestaremos frente a un nuevo mundo lĆŗdico que acompaƱa el contexto de transformación social?
Jugar es esencial para las infancias, para su crecimiento, sociabilización y entretenimiento. En diĆ”logo con TĆ©lam, MarĆa Zysman, psicopedagoga y Fundadora y Presidenta de Libres de BullyingĀ», explica que āel juego es descarga, es diversión. Hay que jugar por jugar, no siempre es para aprender. Hay que dejarlos que jueguen y se conecten con el placer. Por eso digo que la Educación Sexual Integral (ESI) estĆ” muy vinculada con el juegoā.
¿Qué pasa con la industria del juguete en Argentina?
En grandes jugueterĆas del barrio porteƱo de clase media-alta de Recoleta, las vidrieras se presentan divididas: por un lado el rosa y las muƱecas; por el otro el azul, los autos, tractores, trenes y superhĆ©roes. Ya lo dijo Malena Pichot en su stand up āEstupidez Complejaā en Netflix: no todas las nenas jugamos a ser mamĆ”s, nos vestimos de rosa y empujamos un cochecito con un bebote, aĆŗn cuando no sabemos ni siquiera hablar. Algunas como Pichot, jugaban a āLa Naranja MecĆ”nicaĀ».
Al igual que manifiesta la experta en bullying, Zysman, hay que romper con los estereotipos de que ālos chicos se disfrazan de picapiedras y las chicas de reinas y princesasā.
En los locales mencionados, las muñecas tipo Barbie de marcas alternativas, son todas rubias, ejercen roles o trabajos como niñera, madre, modelo, jinete, veterinaria y no mucho mÔs. En Argentina no hay variedad de muñecas como las últimas lanzadas en Estados Unidos, por ejemplo la Barbie en silla de ruedas (la mÔs vendida en 2020), no binarias, con distintos tonos de piel, colores de ojos, de pelo, e incluso de cuerpos diversos.
Sin embargo, los juguetes y los juegos no empiezan ni terminan en el mundo Barbie. Hay un trabajo interesante que realizan algunas pymes nacionales, que se suman al paradigma de la inclusividad y la diversidad. Como por ejemplo, āCasita de MuƱecasā (bebotes con apariencia real) y āPictóā (juguetes pensados para chicos autistas y con trastorno por dĆ©ficit de atención con hiperactividad). TambiĆ©n existen algunas marcas de cocinitas y mĆ”quinas de hacer pochoclo que eligen colores no asociados con lo binario (rosa y azul) con un niƱo varón con delantal frente a las hornallas.
Hay otras jugueterĆas que se corren de lo tradicional, como āGiro didĆ”cticoā, que no solo estĆ” en Argentina sino que hay franquicias en Uruguay, Paraguay y Ecuador, y que ofrecen juguetes y juegos con propuestas y objetivos educativos.
Una propuesta que da esperanzas
El Senado de Entre RĆos dio media sanción a fines del pasado julio a un proyecto de ley que establece como obligatorio los juguetes inclusivos en el nivel educativo inicial, tanto de gestión pĆŗblica como privada.
Este proyecto fue elaborado por tres alumnas de secundaria de la ciudad de Concordia. Luego fue presentado en el Senado provincial por legisladores justicialistas al hacer hincapié en que la diversidad y la naturalización de la inclusión a partir de los juguetes es esencial para las infancias.
Es en esta instancia del proyecto en que Casita de MuƱecasentra en escena con aproximadamente 800 puntos en el paĆs. Oli (2018) es el anteĆŗltimo bebote lanzado con sĆndrome de down, avalado por la Asociación de SĆndrome de Down de la RepĆŗblica Argentina (ASDRA). En el sitio web de Casita, se describe a Oli como āla muƱeca mĆ”s esperadaā. A fines del pasado agosto, se distribuyeron 100 muƱecos Oli en jardines de infantes de Concordia.
AdemÔs, la última creación es Eli (2021) quien tiene un implante coclear (dispositivo electrónico que ayuda a escuchar), para lo cual se asesoraron con expertos para lograr un muñeco lo mÔs real posible.
En conversación con TĆ©lam, Federico Galanterni, dueƱo de Casita de MuƱecas, reflexiona sobre los objetivos que tiene como fabricante y los desafƬos de la industria: āQueremos que nuestros juguetes sean una herramienta para debatir temas de inclusión y diversidad en escuelas, hogares, clubes, donde sea que lleguenā.
Galanterni cuenta cómo nació la idea de crear a Oli: āAlguien me contó que estaba hablando con una niƱa con sĆndrome de down y dijo que no le gustaban las muƱecas porque no habĆa ninguna parecida a ellaā. AsĆ surge la idea de este modelo con el fin de que ālas personas se puedan identificar con nuestros muƱecosā.
El dueƱo de Casita explica que intentan que los bebĆ©s reflejen la realidad de manera representativa: ātenemos muƱecos riendo, enojados, llorando, durmiendo, con rasgos mĆ”s orientales o afrodescendientes. La idea es que las diferencias que tenemos como seres humanos, podamos plasmarlas en los bebotes tambiĆ©nā.
¿Qué sucede con los juegos y juguetes en la educación en tiempos pandémicos?
La pandemia afectó a todas las esferas sociales, incluyendo a los espacios educativos y la manera en que los pares interactĆŗan entre sĆ. Por una responsabilidad sanitaria las escuelas han seguido estrictos protocolos, lo que ha limitado lo corporal de los estudiantes, mĆ”s aĆŗn, en los niveles iniciales que es de suma relevancia poner el cuerpo a disposición del aprendizaje a travĆ©s del baile, la mĆŗsica, la actuación y la expresión corporal.
En diĆ”logo con Carolina del Bono, docente de Educación Musical y Artes Combinadas, comenta que āen la pandemia con el protocolo estamos atentos a que no compartan nada, entonces algo de lo lĆŗdico se pierde. Los cuerpos estĆ”n mĆ”s rĆgidos, sentados en los bancos, no hay tanto movimiento fluido natural. Hay menos tiempo para el juego libre que lleva consigo el abrazo, el reconocerse el cuerpo, tirarse al piso, empujarse, etc. Si nos abstrayĆ©ramos de la situación pandemia, yo soy partidaria de que haya tiempo libre para el juego en las escuelas primarias como los hay en el jardĆn de infantesā.
El juego nutre la fantasĆa, la imaginación y la creatividad de forma colectiva. Pero en tiempos de coronavirus, lo individual prima en las aulas: es lo mĆo, lo que traigo de casa, mi botellita, mi barbijo y, por ende, mi cuerpo tambiĆ©n. MĆ”s allĆ” de lo sanitario, va a ser difĆcil para los mĆ”s pequeƱos que no tienen muchos recuerdos pre pandĆ©micos, el reaprender que hay muchas actividades que se pueden hacer y que tienen muchos beneficios.
Asimismo, la psicopedagoga Zysman opina que ācuanto menos haga un juguete, mĆ”s va a poder hacer un niƱoā, es decir, afirma que la simplicidad de un objeto es lo que entretiene mĆ”s a las infancias y que eso deberĆa primar en las instituciones.
La inclusividad, lo diverso y la ESI en las escuelas
Del Bono observa en algunas escuelas en las que trabaja que āya es sĆŗper natural ver a chicxs jugando juntxs con objetos diversos que en otro momento estaban mĆ”s segmentados a lugares binarios. Hay un diĆ”logo mĆ”s libre entre las infancias cuando el juego estĆ” liderado por ellxs, que cuando la propuesta viene de un docente. Me parece que lxs que tenemos que cambiar la cabeza somos lxs grandesā.
Tanto Zysman como Del Bono, encuentran un vĆnculo directo entre los juegos y juguetes en los espacios educativos y la ESI. La autora de libros como āCiberbullyingā cree que āhay que trabajar mĆ”s en la ESI como ley y que no quede a libre albedrĆo de cada docenteā. Del Bono adhiere que en los colegios āprivados hay poca propensión a la ESI, incluso cierta burla al lenguaje inclusivoā. Muchas veces las instituciones āreligiosas frenan estos avancesā de lo inclusivo y diverso.








