Los millones de argentinos que la amaban nunca tuvieron oportunidad de votarla. No creyó en la lĆ”stima y levantó en las siluetas plebeyas el orgullo de la Justicia social. SabĆa que a veces el punto medio no es el punto de equilibrio. Se cumplen 100 aƱos de una mujer con categorĆa de mito.
Nunca ocupó un puesto dentro del Estado, jamĆ”s tuvo un cargo electivo. Los millones de argentinos que la amaban no tuvieron la oportunidad de votarla. Se cumplen cien aƱos del nacimiento de una mujer con categorĆa de mito. Sin duda podrĆa y deberĆa ser estudiada mĆ”s allĆ” de las pasiones, pero despojada de ellas, pierde gran parte de su encanto y de su verdadera trascendencia histórica. Sin ese halo, sin ese soplo de vida, una biografĆa de Evita no es un anĆ”lisis, es una autopsia.
āNadie sino el pueblo me llama Evita. Solamente aprendieron a llamarme asĆ los descamisados. Los hombres de gobierno, los dirigentes polĆticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme seƱora; y algunos incluso me dicen pĆŗblicamente ExcelentĆsima o DignĆsima SeƱora y aun a veces, SeƱora Presidenta. Cuando un pibe me nombra Evita me siento madre de todos los pibes y de todos los dĆ©biles y humildes de mi tierraā. Escribió en 1951 en su libro testimonio: La razón de mi vida.
MarĆa Eva Duarte de Perón, Evita, hacĆa sus discursos sin leer, entendió que lo contrario del orden no es el caos, sino un nuevo orden, y eso fue lo que corporizó, un nuevo orden justicialista que no comulgó con la beneficencia, no creyó en la lĆ”stima y levantó en las siluetas plebeyas el orgullo de la Justicia Social.
Su vida tiene todos los condimentos de un relato que parece sacado de la mitologĆa griega. El nacimiento en los Toldos el 7 de mayo de 1919. Hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren. El padre, rico estanciero y polĆtico conservador de Chivilcoy, participó en las maniobras gubernamentales de expropiación de tierras a los mapuches. Los Toldos era una tolderĆa mapuche. Juana, su madre, era una mujer humilde, resignada a un lugar secundario frente al poderĆo del patrón que mantenĆa dos familias: la legal y la de Eva.
Vivió en el campo hasta 1926, fecha en la que el padre falleció y la familia quedó desheredada y completamente desprotegida debiendo abandonar la estancia en la que vivĆan. La imagen de su madre, con ella aĆŗn muy niƱa y sus hermanos, llegando al funeral de donde fueron expulsados con desdĆ©n es de un dramatismo conmovedor un cuadro excepcional de aquella Argentina.
La segunda parte de esta historia arranca en 1935 cuando Evita, con 15 aƱos, viajó a Buenos Aires. AhĆ se desarrolla su lucha por ser actriz, se codea con la farĆ”ndula, se esfuerza āpor ser alguien en la vidaā, son Ć©pocas duras, la crisis social y económica que empezó en 1930 generó una gran masa humana de migración interna con una dirección Ćŗnica: desde las provincias hacia la gran ciudad en busca de oportunidades. Consiguió trabajo en la Radio interpretando a Mujeres de la historia. Adquirió un muy rico e inusual vocabulario, ese que dejó frases imborrables en la memoria popular. Aparece en revistas, participa en compaƱĆas teatrales, hace su incursión en el cine. El domingo 26 de julio de 1936, en el diario La Capital de Rosario apareció la primera foto pĆŗblica que se le conoce con el siguiente epĆgrafe: āEva Duarte, joven actriz que ha logrado destacarse en el transcurso de la temporada que hoy termina en el Odeónā. Y asomó otra veta: fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de los trabajadores de la radio.
El tercer gran capĆtulo comienza el 22 de enero de 1944 en el estadio Luna Park, en un acto para recaudar fondos para las vĆctimas de un devastador terremoto en la ciudad de San Juan. AllĆ Eva, de 24 aƱos, conoce a Perón, viudo de 48 aƱos. El inolvidable Roberto GalĆ”n aseguró siempre que Ć©l los presentó y uno quisiera creerle. Solo un mes despuĆ©s ya estaban conviviendo, y eso fue un escĆ”ndalo para los conservadores camaradas de las FFAA.
Solo cinco dĆas despuĆ©s del cisma polĆtico irreversible que significó el 17 de octubre de 1945, Perón y Evita se casaron en JunĆn y se enfocaron en la campaƱa electoral con vistas a las elecciones presidenciales de febrero de 1946. Esas que abrieron una grieta polĆtica profunda en Argentina, la grieta social ya llevaba varias dĆ©cadas. El peronismo se enfrentó a prĆ”cticamente toda la clase polĆtica de aquel entonces nucleada en la Unión DemocrĆ”tica, y contra todos los pronósticos ganó la presidencia. Eva rompió los protocolos de la usanza de aquellos tiempos, las esposas de los candidatos se restringĆan a un rol apolĆtico y āacorde a lo que se espera de una damaā, pero no fue el caso, ella participó y habló en muchos actos, tuvo voz y discurso propio. En esos meses levantó las banderas, de larga tradición, de los derechos polĆticos de las mujeres. ā Y en 1947 fue ella la que anuncia a las argentinas que su derecho a votar y participar en polĆtica estaba consagrado.
La tradición indicaba que Eva debĆa ser la āprimera damaā y se le reservaba la presidencia de la centenaria Sociedad de Beneficencia; pero las distinguidas damas le negaron ese honor aduciendo que era demasiado joven: āentonces que sea mi madreā retrucó Eva con sorna y poco despuĆ©s dio por disuelta esa organización. Los motivos los dejó bien claros: āNo. No es filantropĆa, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto Ć©se. Para mĆ, es estrictamente justicia. Lo que mĆ”s me indignaba al principio de la ayuda social, era que me la calificasen de limosna o de beneficenciaā.
Estas formas desafiantes, los contenidos igualitarios, sus aires de mujer poderosa sin culpa ni falsas modestias le granjearon un amor descomunal de las multitudes trabajadoras que la elevaron a la categorĆa de Santa, y un odio pocas veces visto de los sectores antiperonistas. Ezequiel MartĆnez Estrada no se privó de decir: āEsta mujer tenĆa no sólo la desvergüenza de la mujer pĆŗblica en la cama, sino la intrepidez de la mujer pĆŗblica en el escenario⦠una farsante capaz de representar cualquier papel, incluso el de dama honorable…ā. En la Fundación Eva Perón llevó a cabo obras de enorme envergadura, y sus enemigos lo han reconocido al criticarle lo demasiado buena que era la comida, la atención y las ropas que repartĆa entre los humildes.
El punto culminante de su relación con las multitudes fue sin duda el 31 de agosto de 1951, la gente le pedĆa que sea candidata a la vicepresidencia y Evita les juraba que no importaban los cargos. Fue un diĆ”logo espontĆ”neo, natural, con una tensión abierta. AĆŗn no sabemos con certeza por quĆ© ārenunció a los honores pero no a la luchaā. Ella se veĆa dubitativa, con ganas de decir que sĆ, se lo estaba pidiendo el pueblo, no pudo dar el no definitivo que vino dĆas despuĆ©s en un mensaje por cadena nacional.
El cĆ”ncer de Ćŗtero se llevó a la joven que no tuvo hijos y se convirtió en la madre de tantos. Mujer de definiciones, sabĆa que a veces el punto medio, no es el punto de equilibrio: āYo, sin embargo, por mi manera de ser, no siempre estoy en ese justo punto de equilibrio. Lo reconozco. Casi siempre para mĆ la justicia estĆ” un poco mĆ”s allĆ” de la mitad del camino⦠”MĆ”s cerca de los trabajadores que de los patronesā!








