Cuatro testigos privilegiados relatan las sensaciones vividas aquel 22 de junio de 1986, cuando Diego Maradona concretĂ³ su joya mĂ¡s preciada y que abriĂ³ el camino a la Ăºltima copa mundial lograda por Argentina.
«La va a tocar para Diego, ahĂ la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fĂºtbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… «. La voz es VĂctor Hugo Morales y el gol de Diego Armando Maradona a los 10 minutos del segundo tiempo contra Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de MĂ©xico 86.
Esa jugada, que dejĂ³ en el camino a cinco futbolistas ingleses y tambiĂ©n al arquero Peter Shilton, tuvo testigos privilegiados como el periodista Alejandro Apo, el fotoperiodista Eduardo Longoni y los hinchas RaĂºl GĂ¡mez (expresidente de VĂ©lez) y NicolĂ¡s PĂrez, exiliado con su familia en MĂ©xico cuando tenĂa un año y medio durante la Ăºltima dictadura cĂvico-militar.
Todos coincidieron en algo: la dificultad de dimensionar la magnĂfica obra de Diego en el estadio Azteca, que con el tiempo se cristalizĂ³ en la memoria futbolĂstica colectiva como el Gol del Siglo.

Los testigos privilegiados
Alejandro Apo viajĂ³ al Mundial por Radio Rivadavia, ese dĂa no le tocĂ³ trabajar porque comentaron Julio Ricardo y VĂctor Brizuela, pero igualmente fue a la cancha con Mario Trucco, al que reconociĂ³ como uno de sus «padres periodĂsticos».
Su voz inconfundible, con tono grave, describiĂ³ la secuencia como pocos lo hacen: «Yo vi el gol en la cancha, pero no vi el gol que despuĂ©s vi, vi un golazo pero no la jugada de todos los tiempos. Nunca pensĂ© que habĂa hecho ese gol».
Vi la jugada, desde un poco lejos, pero no vi la jugada perfecta, extraordinaria y grandiosa del mejor jugador del planeta y sus alrededores. No lo olvido jamĂ¡s. No pude medir lo que midiĂ³ VĂctor Hugo en el relato, es algo que solamente Ă©l vio y le reconozco siempre. Diego es el inventor de la pelota, indiscutible», afirmĂ³.
El abrazo con Trucco lo recuerda «hasta el dĂa de hoy» porque el partido contra Inglaterra tenĂa varios condimentos, de adentro y de afuera.
Lo reconociĂ³ el mismo RaĂºl GĂ¡mez, que pisĂ³ la tierra mexicana como barrabrava, años antes de llevar a VĂ©lez a la gloria mĂ¡xima con la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1994.
Maradona la tomĂ³ en el medio, girĂ³ entre dos ingleses y encarĂ³, por eso desde la platea «Pistola» nunca pensĂ³ que la gambeta «terminarĂa de esa manera».
«Solamente Maradona supo que iba a hacer en la cancha. Lo hizo realidad y en un contexto especial contra los ingleses. Nosotros no nos dimos cuenta hasta que lo vimos por TV», dijo el exdirigente.
«SĂ me acuerdo la tensiĂ³n que se generĂ³ cuando se acercĂ³ al Ă¡rea, ahĂ percibimos que terminaba en gol, no sabĂa si de Ă©l o de Jorge Valdano, que estaba en el Ă¡rea. HacĂa mucho calor y casi me lo pierdo por tomar agua», reconstruyĂ³ entre el recuerdo vivo y lo que vio año tras año en las repeticiones, segĂºn reconociĂ³ con TĂ©lam.
Lo mismo le sucediĂ³ con el gol de la mano de Dios, que abriĂ³ el resultado, y recordĂ³: «El gol con la mano nunca nos dimos cuenta. Pensamos que habĂa sido con la cabeza. Solamente VĂctor Hugo hizo una consulta al aire, pero la verdad que resultĂ³ imperceptible».
Pero ese gol, que ni siquiera el Ă¡rbitro tunecino Ali Bennaceur observĂ³ cuando Maradona se alzĂ³ en el aire y metiĂ³ la mano para engañarlo a Shilton -protestĂ³ en vano hasta el medio de la cancha-, quedĂ³ retratado en la lente de la Nikon de Eduardo Longoni, que con apenas 26 años dejĂ³ su huella en la cobertura para TĂ©lam.
Ese dĂa llegĂ³ tarde al estadio Azteca, con solamente una hora de anticipaciĂ³n, no por falta de responsabilidad sino porque un embotellamiento le trabĂ³ el arribo programado en su taxi para las 9 de la mañana -el partido comenzĂ³ a las 12-. El lugar que le tocĂ³ para hacer su trabajo «era de los peores» porque se situĂ³ sobre un palo del arco inglĂ©s «con medio arco tapado por la red».
Sin embargo, entre la desesperaciĂ³n por tener una buena foto y la intuiciĂ³n, no bajĂ³ la cĂ¡mara cuando la pelota saliĂ³ rechazada por un defensor britĂ¡nico, en una «tĂpica jugada que termina en manos del arquero» y gatillĂ³ cuando vio una sombra elevarse.
«Nunca notĂ© al cien por ciento que fue con la mano pero dos colegas que estaban ahĂ, uno alemĂ¡n y otro neerlandĂ©s me dijeron que sĂ. Yo solamente reconocĂ cuando revelĂ© las fotos en un cuarto especial que tenĂamos los fotĂ³grafos en esa Ă©poca», develĂ³ a TĂ©lam.
«El gol de la mano de Dios es uno de los Ăºltimos momentos en el que la fotografĂa le ganaba a la TV. En el video, al dĂa de hoy, no podĂ©s dar crĂ©dito por la TV que fue con la mano, pero el segundo resultĂ³ todo lo contrario y lo que importa es la secuencia de su gambeta», sintetizĂ³.
Maradona hizo el primer gol a las 13 y el segundo, minutos despuĂ©s. La temperatura rozaba los 45 grados al rayo del sol. AllĂ corriĂ³ con la pelota dominada por 10.6 segundos. Un tiempo de velocista y que no le permitiĂ³ fotografiar toda la secuencia.
Y asĂ, el Gol del Siglo se construyĂ³ frente a la incredulidad de todos los presentes: espectadores, periodistas, fotĂ³grafos, cĂ¡maras, jugadores propios y rivales.
«Me quedĂ³ una sensaciĂ³n de angustia con el segundo gol. Cuando Maradona toma la pelota lo voy haciendo con el tele mĂ¡s largo y en un momento resultĂ³ tan rĂ¡pido que cuando cambiĂ© lo agarrĂ© desde el Ă¡rea y en el toque del gol», explicĂ³ Longoni.
«Cuando arrancĂ³ la jugada parecĂa normal. Uno piensa que no podĂa terminar en gol, siempre estĂ¡bamos viendo que la podĂa pasar. Me pasĂ³ que lo apreciĂ© mĂ¡s por TV que en el momento. De hecho pensaba que en cualquier momento lo bajaban», dijo.

El 29 de junio, tras vencer 3 a 2 a Alemania, Argentina llegĂ³ al segundo tĂtulo de su historia. Con Diego como figura excluyente.
El Ăºltimo de los testigos de esa gambeta eterna, que dejĂ³ congelado por siempre a Terry Butcher en la barrida fallida, es NicolĂ¡s PĂrez, quien le insistiĂ³ tanto a su madre con ir a la cancha «al menos una vez en el Mundial» que consiguiĂ³ una entrada y terminĂ³ asistiendo a la «obra de arte» del fĂºtbol con un amigo y su papĂ¡, tambiĂ©n exiliados.
«Todo pasĂ³ rĂ¡pido. Cuando estuve en el partido tenĂa solamente 11 años, casi 12 porque cumplo en agosto, y me resultĂ³ sorprendente Maradona y el equipo. Recuerdo todo como un partido muy tranquilo, mĂ¡s allĂ¡ de algĂºn vaso con agua que nos tiraron los ingleses, sobre todo porque los mexicanos hinchaban tambiĂ©n por ellos», apuntĂ³.
«En el momento no dimensionamos la magnitud del gol de Maradona. Me marcĂ³ en lo personal, ese partido y ese Mundial. Hasta ahĂ me sentĂa mĂ¡s mexicano y como que me generĂ³ un lazo mayor con Argentina», asegurĂ³ en diĂ¡logo con TĂ©lam.
Para Ă©l y para muchos argentinos viviendo en MĂ©xico, Maradona resultĂ³ mĂ¡s que solamente «el gol mĂ¡s importante de la historia del fĂºtbol» porque los recibiĂ³ varias veces en la concentraciĂ³n y en los entrenamientos, donde lo vieron hacer «maravillas».
«Para todos los argentinos que estĂ¡bamos ahĂ habĂa una connotaciĂ³n fuerte por el exilio y la Guerra de Las Malvinas. Sobre todo en los adultos», manifestĂ³.
Maradona gambeteĂ³ a Glenn Hoddle, Peter Reid, Kenny Sansom, Terry Butcher -dos veces- y Terry Fenwick y en el piso quedĂ³ Peter Shilton. Maradona gambeteĂ³ al tiempo y por eso serĂ¡ eterno.
Fuente Telam








